When you cried, I’d wipe away all of your tears
When you’d scream, I’d fight away all of your fears
And I held your hand through all of these years
But you still have all of me
Evanescence, My Immortal.
Un día imaginé, supuse, que el amor inmortal de Clegu era el faraón Khahaure, de quien se hizo amante ante la reiterada y persistente ausencia de su marido, el príncipe guerrero Ejijh Likikh. Empero, a través del tiempo descubrí que lo que separaba a Ejijh Likikh y Clegu era lo que también los unió en sucesivas encarnaciones. Más que amor, ¿eternidad? o es que la eternidad de Clegu y Ejijh Likikh se mide con amor, ese amor inacabado, un amor a destiempo, el amor abierto a la esperanza de lo que todavía no es y que puede ser inmenso.
Apostilla de Silvia Meave sobre “Storyboard para una Canción” (tribuDelectus sello editorial, México, 2000)